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Estudios





Bio-Films, una nueva manera de ver la placa bacteriana.

Los malos de la película: Las bacterias y los biofilms, su ciclo de vida, formación y crecimiento. Su participación en la placa bacteriana y sus consecuencias en el aliento.
Por el Dr. Bernardo Levit

La placa como biofilm
Previamente, las bacterias se habían estudiado cultivándolas en colonias en laboratorio. Pero unos microscopios avanzados como el láser (confocal) scanner, ha permitido ver el estado de los biofilms en su estado natural. Los microorganismos en el biofilm se comportan diferentemente que las bacterias en un medio de cultivo.

Propiedades básicas de los Biofilms
Comunidad de varios tipos de microorganismos que cooperan entre sí.
Microorganismos están dispuestos como microcolonias.
Las microcolonias están rodeadas por una matriz que las protegen.
Entre las microcolonias hay diferentes ambientes.
Los microorganismos tienen un sistema de comunicación primitivo.
Los microorganismos en un biofilm son resistentes a los antibióticos, a los antimicrobianos y a la respuesta del huésped.

Vistos a través del microscopio, las bacterias en un biofilm no están distribuidas caprichosamente, están agrupadas en microcolonias rodeadas por una matriz intermicrobiana.

La matriz es penetrada por fluidos y conductos y canales que conducen una corriente de nutrientes, productos de desechos, enzimas, productos de secreción del metabolismo y oxígeno. Estas colonias tienen un micro ambiente con diferentes PH's, Disposición de nutrientes, y concentraciones de oxígeno. La bacteria en un biofilm se comunica una con la otra enviando señales químicas. Estas señales químicas disparan la producción de proteínas y enzimas peligrosas. Los intentos para prevenir y controlar las enfermedades periodontales, se basaban en los cultivos de laboratorio.

El aumento del conocimiento de los biofilms, ha demostrado que hay grandes diferencias entre la conducta bacteriana en el laboratorio y en el ecosistema natural. Por ejemplo, las bacterias que en el biofilm producen compuestos, pueden no producir estos mismos en un cultivo, asimismo la matriz que rodea a las microcolonias sirve como una barrera protectora. Esto permite explicar por qué ciertos sistemas microbianos en una afección sistemática no actúan de la misma manera y con el mismo éxito que cuando están localizados como microorganismos específicos. Esto también explica porqué el control mecánico de la placa en la higiene oral debe ser constante en la terapéutica periodontal. Los biofilms pueden ser eliminados por medios mecánicos sin embargo inmediatamente empiezan a modificar su forma, por eso la investigación continúa para encontrar los caminos para combatir los biofilms.

Nuevas fronteras
Los investigadores industriales persiguen nuevas tecnologías para combatir el biofilm. Una aproximación, esto para interferir las señales entre las bacterias, en el biofilm de manera que no se puedan comunicar una con la otra. Otra táctica es de imitar de la mejor manera posible la superficie de animales como las ballenas o los delfines que dificulta que se acumulen bacterias en forma de biofilm. También los investigadores en estomatología, están intentando nuevas estrategias con los biofilms.

Control de los nutrientes
Aumento de la base que genera nutrientes para los biofilms (arginina).
Reducción de la corriente de secreción crevicular por agentes antiinflamatorios.
Inhibición de enzimas microbianas claves.

Control del PH del Biofilm
Sustitutos del azúcar.
Agentes antimicrobianos.
Productos fluorados

Control del potencial redox
Agentes reductores.
Agentes oxigenantes.

Variando la concentración de oxígeno, el Ph y la disposición de nutrientes en la placa ha demostrado como se puede cambiar la microflora del biofilm y cómo puede ser de utilidad esto. Por ejemplo, los patógenos periodontales requieren un bajo potencial de reducción para crecer.

El agregado de un agente reductor como el azul de metileno, a las bolsas periodontales ha demostrado que inhibe el crecimiento del P Gingival. Desde que se aumenta la corriente gingival crevicular, aumenta la producción de nutrientes del biofilm subgingival. El control de la corriente crevicular gingival puede ser usado en el futuro para controlar el biofilm subgingival. El uso de agentes antiinflamatorios puede no sólo ayudar a inhibir los senderos destructivos del huésped, sino también puede reducir el suministro de nutrientes en la corriente gingival crevicular para la comunidad del biofilm. Una agencia gubernamental americana (la NIDCR) financia la investigación en esta área con el objeto de encontrar nuevas terapéuticas en el futuro.

Las placas dentarias, son un depósito blando acumulado sobre la superficie de los dientes. Y la placa en sí puede ser definida como una comunidad microbiana compleja.

Encías y dientes
En los espacios creviculares, que son los surcos que separan la encía de los dientes, se forman nichos donde se alojan las bacterias anaerobias, que descomponen los restos de comida produciendo Compuestos Sulfurados Volátiles que son característicos del mal olor bucal.

Por el Dr. Bernardo Levit

En todo nicho de la boca existe un factor de mal aliento. Las caries, las obturaciones mal realizadas, la falta de cuidado en el cepillado y el hilo dental que llevan a una enfermedad periodontal donde las bolsas abrigan microbios anaerobios que producen gases sulfurados pestilentes y en ciertos casos, los abcesos purulentos que al abrirse en forma de fístulas invaden el ambiente bucal con los malos olores característicos de la s formaciones purulentas contribuyen en gran medida a la concentración de gases malolientes. Tenemos asimismo que notar que estas infecciones contribuyen por diversas circunstancias a invadir el organismo especialmente en los pacientes con defensas disminuidas.

Las placas bacterianas son verdaderos biofilms que como todo biofilm, se pegan a las paredes de la bolsa y del diente y están cubiertos de una sustancia gelatinosa muy pegajosa que defiende a las colonias del ataque de los elementos antimicrobianos.

Debe hacerse carne en el lector, de que toda encía sangrante es una encía enferma. y que el cuidado de la boca no se puede reducir al cuidado de los dientes. Sino que involucra a los tejidos que lo rodean.


 


La lengua
Por sus características de colinas y hendiduras, suele estar recubierta por una capa de células muertas, componentes de la sangre y gérmenes cuya capacidad de putrefacción es suficiente para producir otros compuestos volátiles olorosos.

Por el Dr. Bernardo Levit

Los restos de comida atrapados en esta área pueden ser transformados en cadaverina, putrescina y algunos aminoácidos con mal olor.

El goteo post nasal que proviene de los senos paranasales, usualmente no tiene olor, pero cuando comienza a caer sobre la lengua las bacterias anaerobias descomponen el mucus y producen gases sulfurados malolientes.

Los gases volátiles azufrados y la lengua
En la última década han habido importantes avances en la clarificación de la etiología del mal aliento. Hoy se asume que casi el 10 % de los casos de halitosis crónica se originan en olores provenientes de nuestros pulmones en virtud de afecciones renales, diabetes, disfunción hepática, trastornos digestivos (como el reflujo gastroesofágico), cáncer, enfermedades metabólicas como la trimetilaminuria, sinusitis crónica o cuadros más raros como el divertículo de Zencker. En estas situaciones, el mal olor es un signo importante que ayuda al profesional a establecer un diagnóstico de una patología subyacente. También aparecen casos derivados del uso de medicación que reseca la boca (como los anticolinérgicos), la obstrucción nasal por cuerpos extraños o hasta quejas producto de la “halitosis imaginaria”, una condición de índole psicológica en la que el paciente asegura con insistencia tener un mal aliento que ni el entorno ni los equipos de detección pueden advertir.

El otro 90% de los casos de mal aliento, en cambio, surge de la degradación natural de los desechos o detritos en la boca por acción de bacterias anaerobias, que se encuentran en los nichos de la lengua, las encías, las malas restauraciones odontológicas, etc. Microorganismos de los géneros Porphyromona, Prevotella, Fusobacterium y Treponema, entre otros, operan en el dorso de la lengua, en el periodonto y/o en las amígdalas. La condición se agrava por el bajo flujo de saliva en ciertos períodos del día, por el tipo de comidas o por deficiencias inmunológicas que aumentan la carga microbiana.

Las bacterias del mal aliento desprenden sobre todo gases volátiles que contienen azufre. Para simplificar, a estos gases se los conoce como VSC, que son las siglas en inglés de “compuestos volátiles azufrados” (Volatile Sulphur Compounds). Suelen ser el fruto de la descomposición de aminoácidos conteniendo sulfuros, derivados de péptidos o proteínas localizados en el fluido crevicular, sangre, células epiteliales descamadas, saliva y restos de alimentos. Aunque hay decenas, centenares o miles de compuestos involucrados en el olor bucal, se piensa que los más importantes son tres: sulfuro de hidrógeno, metil mercaptano y dimetil sulfuro. El más conocido es el primero de los tres, ya que es el mismo gas que se desprende en los huevos podridos y uno de los principales responsables del olor de las flatulencias. El metil mercaptano es también un subproducto del metabolismo proteico de las bacterias periodontopáticas, así como el mayor componente del mal olor.

La concentración oral de los VSC, un marcador objetivo del mal aliento, puede determinarse en el consultorio con equipos portátiles de detección como el “Halimeter” (halímetro), fabricado por la Interscan Corporation. En bocas normales se miden hasta 70-80 ppb (partes por billón). Registros de 150 ppb ya indican mal aliento y existen casos en los que hemos llegado a examinar pacientes con hasta dos mil ppb.

Además de los compuestos azufrados, existen otras moléculas malolientes que no contienen azufre y se conocen como diaminas, aunque por lo general su influencia sobre la halitosis es de una magnitud muy inferior. Algunas de las diaminas tienen nombres que grafican su olor, como putrescina, cadaverina y escatol. Es más probable que la importancia relativa de las diaminas en la génesis de la halitosis aumente cuando la boca está muy seca.
Estudios recientes implican al dorso de la lengua como una fuente importante de VSC. Dicha superficie se cubre con una película blanca tanto más espesa cuanto más atrás se sitúe, formada por mucus, células muertas y microorganismos anaerobios que actuando sobre los alimentos, el mucus, la saliva y los detritus, producen ese olor ofensivo que nos preocupa.

 

El efecto de los limpialenguas


Pacientes muy pulcros con dientes impecables y las encías bien cuidadas pueden ayudar a resolver la halitosis crónica incorporando la lengua dentro de la rutina cotidiana de higiene bucal, como hicieron durante siglos los hindúes mediante raspadores linguales que fabricaban con la punta masticada de ramitas del árbol de mango.

En el número de febrero de 2003 el consejo de La ADA en Asuntos Científicos puso al día de una manera exhaustiva, el estado actual de la terapéutica para combatir el mal aliento bucal. Y dice textualmente: “El primer paso en el tratamiento del mal olor bucal es valorar todas las enfermedades orales y condiciones que puedan contribuir al mal olor incluyendo las lesiones por caries” Para la gente libre de enfermedades bucales el tratamiento actual para el mal olor bucal esta basado en la presunción de que el mal olor es el resultado de un sobrecrecimiento de los organismo orales que producen componentes orales que son ofensivos. El objetivo del tratamiento es reducir estos microorganismos en la cavidad oral con la consecuente reducción de la formación de compuestos volátiles. Esto puede ser alcanzado por métodos químicos o mecánicos.

La reducción mecánica de microorganismos a través de procedimientos de higiene oral mejorados ha sido asociada con la reducción del mal olor bucal. Se debe poner particular énfasis en la limpieza particular de la lengua.

Tonzetich mostró que limpiar la lengua reducía los CSV’s en un 75%. La limpieza de la lengua es crítica para reducir el mal olor bucal y están actualmente disponibles comercialmente numerosos limpiadores de lengua. Existe amplia evidencia en la literatura que cepillado, e hilo dental reducen el número de microorganismos en la cavidad oral reduciendo consecuentemente el mal olor bucal. Ambos procedimientos de higiene profesional y personal juegan un papel clave en el control del mal olor bucal“.



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